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Es asturiano, grande, sabroso, dorado, crujiente y… ¡económico! Algunos lo nombran como la nueva comida hipster y otros lo niegan rotundamente (tranquilos, nosotros no entraremos en esas guerras…). ¡Sí! Hablamos del cachopo, un curioso invento culinario que vio la luz por primera vez en Asturias y que, desde hace unos años, se ha convertido en comida de culto a la altura de la fabada, el arroz con leche o la sidra.

Se ha derramado mucha saliva, y también mucha tinta, para dilucidar todo sobre el cachopo: dónde se prepara el mejor cachopo de ternera de Asturias y del resto del mundo, dónde el empanado es más crujiente y el relleno más sabroso, jugoso y pringoso.

¿Por qué? ¿Qué hace que esta preparación sea tan especial? ¿Por qué restaurantes asturianos, españoles e internacionales se esmeran en sorprender a sus comensales con cachopos y cachopines? La respuesta, en nuestra opinión, está clara: está rico, no es caro y, por lo general, tiene una dimensiones desproporcionadas, lo que hace que sea genial para compartir con los amigos.

Entre filete y filete… ¡Cachopo!

Pero, ¿qué es un cachopo? Lo cortamos por la mitad para descubrirlo… La verdad es que no tiene mucho misterio, los tradicionales cachopos están formados por dos filetones de ternera bien grandes rellenos de unas lonchas de jamón serrano y queso. Si estos tres ingredientes pueden ser asturianos, ¡mejor que mejor!

 


Vale, entendido, pero ¿cómo se prepara el cachopo?. La preparación no puede ser más sencilla: se aplastan con una maza los dos filetes de ternera asturiana y se salpimentan. Sobre uno de los filetes se colocan, en este orden, las lonchas de jamón serrano, el queso y, de nuevo, otra tanda de jamón serrano. Se tapa todo con el otro filete y se presiona para que el relleno no se salga.

Lo siguiente es fácil: se pasa por harina, huevo, pan rallado y se fríe en una sartén a fuego moderado hasta que quede bien dorado. Como dirían en Asturias “¡Ye lo que hay!”, ya sólo queda cortar, compartir, comer ¡y listo!

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El vacuno es la carne cántabra por excelencia, donde destaca la de la vaca tudanca. No hay que olvidar que la feria ganadera más importante de España, la Feria Nacional de Ganados de Torrelavega, se celebra en esta región.

Un alimento también muy popular en Cantabria es el borono, que consiste esencialmente en una masa hecha con sangre y tripas del cerdo, cebolla, sal, manteca, especias (comino, pimienta...), harina de maíz y harina de trigo. Un plato hecho con carne de caza.

La caza también ofrece carne de gran calidad: venado, corzo y jabalí. El chon es un elemento clave para el cocido montañés, al que además se le añaden alubias, berzas, chorizo y morcilla de arroz.

 

El cocido montañés, o puchera montañesa, es el plato gastronómico típico de Cantabria, España. Es un guiso de interior cuyos componentes esenciales son la alubia blanca y la berza a las que se añade el compango compuesto de chorizo, costilla, morcilla y tocino procedentes del matacíu del chon.

Por su alto contenido en grasas saturadas suele ser un plato de consumo ocasional.

A diferencia de otros tipos de cocidos típicos de España como el madrileño, el maragato o el lebaniego, el montañés no lleva garbanzos como elemento principal del plato y además, al contrario que en otros cocidos, se comen todos los ingredientes a la vez, sin separar la sopa del resto de elementos.

 

Conejo con tomate y pimientos
Conejo con tomate y pimientos
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Pero no todo el artículo iba a tratar sobre carnes rojas...

Por otro lado tenemos el grupo de las carnes blancas. Es el grupo de las carnes de ave (pavo, pollo…) y también del conejo. Estas carnes son igualmente ricas en proteínas pero sin embargo tienen menos grasa. Su digestión es mucho más fácil y no elevan tanto nuestro colesterol ya que apenas contienen grasas saturadas.

Es cierto que debemos consumir carne de los dos tipos para que nuestra alimentación sea lo más variada y equilibrada posible, pero según las recomendaciones de la Dieta Mediterránea para favorecer nuestra salud cardiovascular, es preferible primar el consumo de carne blanca sobre el de la carne roja, eso sí, teniendo en cuenta que el aporte de hierro de la carne blanca es menor.