El pescado frito o pescaíto frito (según la forma dialectal andaluza) es un plato tradicional del litoral mediterráneo, por ejemplo en Provenza (Francia), Rosellón (Francia), en las regiones costeras de Italia, en Grecia, Islas Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Málaga, Cádiz, Almería, provincias de interior como Córdoba y Sevilla, también de las islas Canarias, que puede servirse en freidurías especializadas, pero no necesariamente, siendo típico de chiringuitos, bares y terrazas.

El plato se narra en varios textos de la cocina sefardita que se servía acompañado de una vinagreta de diversas hierbas. Existen descripiciones de viajeros del siglo XVIII que narran la existencia de este plato en ciertas regiones de Andalucía.
Se elabora rebozando el pescado en harina de almorta o trigo, friéndolo en aceite de oliva y espolvoreándolo con sal como único condimento. Se suele servir caliente, recién frito. Puede tomarse como aperitivo, por ejemplo con una cerveza o vino, o bien como entrante o primer plato. En Cataluña es habitual acompañarlo con pan con tomate, y puede resultar un segundo plato, o "de consistencia", típicamente en la cena. En Andalucía Occidental se suele acompañar con pequeños colines de pan llamados "picos". También se acompaña con "regañás", pan plano y crujiente elaborado con semillas de sésamo.
En algunos lugares es frecuente acompañarlo con un trozo de limón fresco y rociar por encima un poco de su jugo. En otras, por ejemplo en Cataluña y el Golfo de Cádiz, rociar el pescado fresco con zumo de limón puede ser ultrajante para el cocinero, ya que se entiende que el limón sirve para disimular el sabor de un pescado en condiciones no óptimas. El pescado frito ya lo comían los romanos en la antigua Roma y aún hoy en día es muy común a lo largo de todo el Mar Mediterráneo.
Se consideran adecuados los pescados pequeños y poco espinosos, como el chanquete, el salmonete, el boquerón, la pijota, el tapaculo, la sardinilla y la acedía. Sin embargo, también se emplean pescados mayores, como el cazón, la pescadilla y la caballa, que se trocean y se maceran en ocasiones en adobo antes de freirse. Es frecuente que el pescaíto frito incluya moluscos cefalópodos como el calamar, el choco cortado en anillas, los choquitos enteros (que en otras regiones de España llaman chopitos) cuando son de pequeño tamaño), las puntillitas y crustáceos, como las gambas.

Desde un punto de vista nutricional, como ocurre con la mayoría de mariscos y moluscos, la sepia es un alimento que destaca por su altísimo contenido en proteínas de buena calidad, aportando la mayoría de aminoácidos esenciales.
También son bajas en grasas y por tanto en calorías. De hecho, 100 gramos de sepia aportan apenas 0,90 gramos de grasa y sólo 75,30 kilocalorías. Eso sí, presentan un elevado contenido en colesterol, por lo que su consumo no se recomienda en personas con índices altos de colesterol y triglicéridos.
Respecto a su contenido en vitaminas, aporta sobretodo vitamina A y vitaminas del complejo B (B1, B2, B3, B6, B9 y B12), además de vitamina E.
También aporta minerales, entre los que podemos destacar la presencia de calcio, hierro, yodo, magnesio, zinc, selenio y sodio.

El Espeto o la Espetada es un plato típico de la cocina malagueña que consiste en espetar, es decir ensartar pescado, tradicionalmente sardinas, en finas y largas cañas, para asarlo con leña en la arena de la playa.
La técnica consiste en insertar las sardinas atravesando su lomo y cuidando que todas estén colocadas en la caña por igual, por encima o por debajo de esta. La razón es que una vez ensartadas al colocarlo sobre las brasas será necesario que la espina de la sardina quede siempre por debajo de la caña ya que si no fuera así, al darle la vuelta la carne del lomo de la sardina se habrá reblandecido y caerían al romperse. Si todas las sardinas se han colocado correctamente con su espina por debajo de la caña, al darle la vuelta, es la espina la que sujetará a la sardina para que no se caiga sobre la brasa. Tradicionalmente, se colocaba un pequeño montículo de arena para clavar las cañas y al otro lado la madera ya hecha brasa. Al convertirse en una actividad en donde un espetero profesional cocina para un restaurante, para evitar estar agachado en la arena durante horas, los espetemos acudieron al ingenio de colocar arena dentro de una barca y elevar esta sobre caballetes. En la actualidad son muchos los restaurantes e incluso ayuntamientos que colocan a lo largo de los paseos marítimos, barcas en algunos casos de metal, para que puedan rellenarse de arena y facilitar el trabajo. La ventaja de estos modernos contenedores es que pueden orientarse fácilmente con respecto a la brisa.
Evidentemente, aunque lo tradicional es la sardina, muchos otros alimentos pueden espetarse. Así es frecuente espetar otros pescados como jureles, doradas, lubinas, etc. En estos casos, la caña se introduce por la boca del animal. Igualmente es frecuente ver calamares u otros moluscos de tamaño grande. Las brasas del espeto pueden aprovecharse, claro, para asar otros alimentos como brochetas de carne o verdura o patatas.
La caña en donde se ensarta el pescado se hace a partir de cañas de azúcar que se cortan en trozos de unos cincuenta centímetros y después se abren por la mitad longitudinalmente. Una vez obtenidas las dos medias cañas, se afila la punta para que pueda insertarse el pescado. Estas cañas son colocadas en un cubo con agua para que se humedezcan y puedan colocarse encima de las brasas sin que se quemen.
En 2006 se inauguró en la ciudad Málaga una escultura en homenaje al espetero.
Esto es lo principal en cuanto a pescaítos, gastronomía casi mayoritaría de la comunidad de Andalucía.
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